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jueves, 21 de septiembre de 2017

BUTAN: EN LAS CUMBRES SAGRADAS DE LOS HIMALAYAS


Llegamos hasta Bután en un vuelo acrobático que se deja caer en un valle rodeado de montañas y que hace que la piel se nos ponga de gallina de tan cerca que pasamos por las montañas cercanas. El tiempo se ha detenido en este lugar único en el mundo que atesora algunos de los tesoros naturales más impresionantes del planeta.

Con escasos 700.00 habitantes y sin ejercito propio esta país pequeño se aferra a la realidad abrazado a su socio indio y siempre bajo la amenazante mirada del poder chino que rodea al norte sus fronteras.  Los visitantes que llegamos de todas las esquinas del mundo nos maravillamos ante las verdes y exuberantes montañas y las cumbres plateadas por la nieve que contrastan con las fortalezas y los monasterios con siglos de historia dispersos por toda  su geografía y que representan centros de poder únicos compartidos por políticos y monjes.

Los ciudadanos de Bután se cuentan entre los más felices del mundo. Y a fe que al recorrer el país nos vamos encontrando múltiples ejemplos de esa felicidad tanto en las zonas urbanas del país como en sus núcleos rurales o en sus escuelas y monasterios que se reparten a lo largo y ancho del territorio.


En 1974, tras la repentina muerte del tercer rey de Bután, el heredero Jigme Singye Wangchuck, de 17 años, se convirtió en el monarca más joven del mundo. Este se propuso conocer hasta el último rincón de su país y a cada uno de sus habitantes. Viajó a las zonas más recónditas –sin acceso por carretera ni electricidad–, se reunió con granjeros y pastores, con lamas, monjes y madres de familia, con niños y abuelos, para conocer sus necesidades.La conclusión de su investigación fue clara: el motor del desarrollo de su reino, con casi todo por hacer, no debía ser el producto interior bruto (PIB), como lo era en el resto de los países del mundo, sino la felicidad interior bruta (FIB o en inglés: GNH, Gross National Happinnes).

Aunque internet y la televisión sólo fueron permitidos en el país en 1999, los butaneses, especialmente los jóvenes, parecen haber acogido los instrumentos de la modernización con naturalidad. Y aunque el turismo comienza a entrar con cifras ya preocupantes para la escasa infraestructura, es cierto que el gobierno ya asume que necesita crear algo más que la exportación de energía eléctrica a la vecina India para mantener esta utopía que es hoy Bhutan. La mayoría de lso butaneses viven en aldeas rurales repartidas por montañas y valles y llevan una vida muy sencilla, pero según dicen felices. son núcleos muy pequeños pero con casas grandes, construidas con adobe, bambú y madera. La primera planta se dedica a los animales, la segunda se usa como almacén y cocina, y en la tercera reside la familia. Cada vivienda suele destinar un pequeño espacio para el altar familiar o chosum. La ayuda entre vecinos es la base de estas comunidades. Al caminar por sus aldeas uno tiene la sensación de haber regresado al pasado. Hombres y mujeres visten trajes tradicionales, conversan pausadamente y visitan a diario monasterios hermosos repartidos por doquier.

La filosofía y la religión budistas son el alma tanto de los habitantes como del paisaje del país. De talante tranquilo y sin escatimar en sonrisas, es prácticamente imposible escuchar una subida de tono o un insulto de boca de un butanés y por supuesto no se escucha un claxon en un país donde la velocidad máxima es de 50 kilómetros por ahora. Lo que si escuchamos hoy son los truenos que resuenan en las montañas cercanas y que dieron a país el sobrenombre del "País del Dragón". Esos truenos son los rugidos de las bestias según una antigua leyenda butanesa.

Nos proponemos en los próximos días recorrer el país y conocer de cerca sus leyendas,  sus gentes y sus bellos rincones y os lo iremos contando en este blog. También que disfrutéis de las fotografías que vamos obteniendo y que os iré colgando en este enlace.


miércoles, 20 de septiembre de 2017

NEPAL: SWAYAMBHUNATH BUDA EN EL TEMPLO DE LOS MONOS.

Subir los escalones que nos elevan hasta la cima de “El Templo de los Monos”, es una experiencia impagable en esta caótica ciudad de Katmandú. Mezcla de vida cotidiana con experiencia turística, mezcla y fusión del hinduismo y el budismo coronado bajo una misma aura en esta ciudad fascinante. Cada día son menos los turistas que se acercan debido a la crisis, y eso lo agradecemos algunos.

Esta Supa dicen que es la más antigua del mundo, no lo sé pero esa frase la he escuchado en muchos países budistas. Cada centímetro de pared, cada rincón del lugar esta ricamente grabado con manos sabias y antiguas y a cada paso una imagen real de esta Nepal medieval nos sorprende, el vendedor de aves, los monos brincando, los monjes que rezan, los hinduistas con sus ritos, los budistas rodeando su stupa, los turistas que lo fotografiamos todo…, pero lo primero es conocer la leyenda.

Swayambhunath significa algo que se hizo sólo. La leyenda cuenta que un monje tibetano ordenado por un dios vino hasta aquí. Esto era un gran lago en cuyo centro creció una flor de loto y una llama. El monje fundó la ciudad y construyó la stupa. La leyenda cuenta también que cuando llegó tenía el pelo muy largo y lleno de piojos. Una vez aquí se rapó la cabeza, sus cabellos se convirtieron en árboles (todo está rodeado por árboles) y los piojos en monos (hay monos en libertad por todo el complejo), por lo que también se conoce como el templo de los monos.

Recomiendo subir a la colina cuando el sol comienza a despuntar en la mañana y la ciudad de Kahmandú se despierta allí abajo. Al ascender vamos viendo como el gran rayo celestial de Buda, destructor de la ignorancia e iluminador de nuestro camino, corona la stupa con su color dorado y como los ojos de Buda nos guían en nuestra larga ascensión. Un ascensión que hacen millones de personas desde el siglo XVII cuando fue construida ( en realidad desde nos deja el coche son solo 100 escalones)
Todo el mundo camina contando cuentas, haciendo rodar las oraciones bajo el sonido “on mani padme hum”, la eterna oración budista, la que nos habla de la flor del loto abierta.

En una esquina del templo se alza, dicen, la estatua de Buda más antigua que se conoce, datada en el siglo VII, aunque yo lo dude por la escasa protección que se le procesa. Junto a la gran stupa los templos hindus, como la diosa Hariti o las diosas Jamuna y Ganga, reinas de los ríos más famosos de la India.  Swayambhunath es, junto con Bodhnath, el principal lugar de peregrinación budista de Nepal, pero mientras en el primero las influencias hinduistas son evidentes, en el segundo todavía se respira la fe tibetana. Se dice que Buda predicó entre estos bosques, cómo no rodeado de monos. De hecho, la escalinata está salpicada de imágenes suyas y de los dos hijos de Shiva (la deidad hinduista más venerada en Nepal): Ganesh (que remata su cuerpo humano con una cabeza de elefante) y Kumar (a quien los fieles encomiendan la prosperidad de sus negocios)

Regresamos bajando las mismas escaleras cuando ya Katmandú se va adormilando y el aire esta impregnado de olores a incienso y frutas, los monos se baten en recogida y los peregrinos enfilan las escaleras camino de su descanso diario después de haber rendido tributo a las deidades de la montaña.



martes, 19 de septiembre de 2017

NEPAL: BHAKTAPUR LA CIUDAD QUE EL TIEMPO PARÓ

De las tres ciudades estado de Nepal, Bhaktapur era la mejor conservadas y la menos caótica. La “ciudad de los devotos” quiere seguir viviendo su vida al margen de la urbe. Sus calles estan limpias y no se ven las aglomeraciones que vimos en Katmandu o Patan, debe ser que esta más lejos y los guías locales la obvian, debe ser que esta más lejos y el turismo de masas es vago y simple y no le gusta molestarse, por lo que sea, Bhaktapur nos recibe siempre hermosa y como a hijos pródigos, regalándonos lo mejor de si misma y expectante a nuestra visita como estas madres que vemos ociosas en los balcones del templo más antiguo de la ciudad, y el único que aguantó el embate de los 7.4 grados de la escala de Richter que acabó dejándola en sus huesos..

Si uno se sienta en la terraza del Nyatapola Café, en el mismo centro de la plaza Durbar de la vieja ciudad Patrimonio de la Humanidad y desde allí, contempla sus estrechas calles adoquinadas y ve como los agricultores extienden el grano de arroz en la calle y con mimo lo mueven para separar el grano de la paja, le parece imposible que estemos en el siglo XXI.  Pero eso todavía se hace así aquí en Nepal. Hoy nos llovió y no había agricultores, pero habían parejas que se daban las mano entre las ruinas, turistas que degustaban helados artesanos sn temer a la terrible enfermedad de Moctezuma y sobre todo obreros, muchos obreros que se encargan de levantar piedras de entres las ruinas para que pronto todo vuelva a la normalidad de una ciudad detenida en el tiempo. Un guardia nos llama la atención por que hacemos una foto a la puerta de un templo, esta prohibido, miro a mi alrededor y en medio del caos y la destrucción pienso: ¿que daño puede hacer mi cámara después del terrible seísmo?.

La plaza antes del seísmo de 2015

Una mujer pasea bajo la lluvia entres los restos de antiguos templos hoy en reconstrucción

Fundada en el año 889 D.C por el rey Ananda Malla, la ciudad recibe un nombre que según su traducción literal del sánscrito significa “Ciudad de los Devotos”. Bhaktapur no alcanzaría su máximo apogeo hasta el siglo XII, cuando gracias a su posición estratégica en la antigua ruta comercial entre India y Tibet, se convirtió en el núcleo urbano más importante de Nepal, centro neurálgico del poder político y económico del país durante casi cuatro siglos.Bhaktapur sigue fiel a sus origines y los artesanos tallan madera en las puertas de sus tiendas, cincelan la piedra en la calle, esparbean la paja para deleite de los turistas y los hornos de arcilla están abiertos a la calle donde siguen cociéndolo como hace varios siglos. Parece como si el tiempo no quisiera correr en esta hermosa ciudad.

En la plaza, los devotos siguen ofreciendo sus ofrendas a su dioses indios y los coches corren por las calles menos céntricas como lo hicieron los carros en la antigua ruta comercial entre Nepal y el Tibet. Los niños siguen vistiendo uniforme y se agolpan a la puerta de los templos en visitas culturales. Y las niñas de colegio me sonríen curiosas a la cámara. Todo parece retenido en esta ciudad antigua de bellas calles adoquinadas. Hoy ya no se siguen anunciando las oraciones con la Campana de Taleju que fue fundida hace cuatro siglos para que los jóvenes acuden a rezar al templo cercano. La campana está sola, aguantó pero no su templo, pero esos jóvenes siguen acudiendo a la llamada interna que les trae la paz.

Esta mañana, antes de visitar la ciudad tranquila, estuvimos filosofando con un monje joven en el interior del Monasterio de Namo Buda que protege el valle. Él, a sabiendas del tortuoso  camino que tuvimos que hacer para llegar, nos invitó a sentarnos en las bancadas de oración y nos preguntaba cosas de nuestro religión a la par que nos invitaba a conocer la suya. Buda dijo que no quería budistas, que cada uno debía descubrir el Buda que llevaba dentro, en el monasterio todos los buscan, pero estoy seguro que abajo, en el valle, en la vieja ciudad de Baktapur, muchos ya lo han encontrado, la vida y la dureza extrema de estas tierras ha obrado el milagro.

Os he dejado más fotos de este viaje en el álbum de este enlace.


domingo, 17 de septiembre de 2017

NEPAL: TRAS EL TERREMOTO KATMANDÚ RECOBRA LA VIDA

Caminamos dos años después del tremendo terremoto que sacudió las calles de Katmandú por las polvorientas avenidas de la ciudad, caminamos viendo en el suelo mucho de los edificios que tanto nos asombraron en anteriores visitas. Ya paso el monzón y el tiempo es bueno, ya paso el monzón y no trajo más desgracias a la ciudad. Poco a poco se recupera la calma, la primera década del milenio trajo un magnicidio que acabo con el reino y trajo una república que nació ya corrupta, la segunda un seísmo que se llevo miles de vidas y algunos de los edificios Patrimonio de la Humanidad más hermosos de cuantos vimos por el mundo, pero la ciudad sigue caótica y por lo tanto viva, la ciudad que nació dos siglos antes de nuestra era, sigue viva gracias a sus habitantes que rugen en marabunta cada mañana dándole la vitalidad que ni sus gobernantes ni sus dioses son capaces de controlar.

Desde la parte nueva de la ciudad a la Durban Square caminamos envuelto por los más madrugadores, los que salen a comprar la comida diaria, los que salen a vender su escasas mercancías, los que salen a rezar a sus dioses para que los protegen, por los que salimos a buscar fotografías e instantes que coleccionar. Y todos, todos acabamos delante de algún  templo admirando, poniendo lamparas de mantequilla o cruzando las manos a los dioses para que nos protejan. Y mientras los niños sonríen con sus uniformes escolares camino de sus obligaciones aunque algunos siguen mendigando en sus calles, huyendo de la obligación escolar. Pero hay una niña que no sonríe, no es Ganesha, el dios bebé con cabeza de elefante, no ese siempre sonrío a sus files, es la Kumari. la diosa niña viviente.



La Kumari, acabo su misión celestial, la niña que nació para ser un diosa viviente y que se venera en el palacio de la Kumari, cerca del palacio real. En muchas tradiciones religiosas las diosas existen solamente en el reino espiritual y se representan estatuas e íconos, pero en Nepal viven y respiran, y toman la forma de niñas, a las que se conoce como kumari (niña virgen). Durante siglos los hindúes y los budistas de todo el valle de Katmandú han adorado a estas jóvenes a las que creen poseídas por la diosa hindú Taleju. La diosa kumari es elegida entre las niñas preadolescentes de la comunidad Newari, predominante en el valle de Katmandú.

Al ser una creencia de origen budista e hinduista, sacerdotes de ambas religiones y un astrólogo certifican que la virgen seleccionada tiene los 32 lachhins,atributos físicos y psicológicos, como Buda.Muchos tienen que ver con rasgos animales, como piernas de ciervo o voz clara como la de un pato. Además deben tener una dentadura perfecta, un historial médico inmaculado, y el pelo y los ojos bien oscuros. La kumari real de Katmandú, a diferencia de las otras, debe tener un signo del zodiaco similar al del presidente de la república para asegurar la buena ventura del país. Pero su reinado es corto.Sólo dura unos pocos años, hasta que tiene su primera menstruación.

Según la creencia popular, en ese momento la diosa Taleju deja su cuerpo y empieza la búsqueda de otra niña virgen.Así, pues, la herida sangrante la desacraliza, ya que se piensa que la diosa se escaparía por él. Entonces llega la parte difícil: la transición de diosa a adolescente normal. A nuestra Kumari, a la que hemos visto esta tarde, le quedan uno días para ese tránsito y su carita no era la de un niña alegre, era un niña triste, y no es para menos.

Pero , esa sensación de tristeza no se ve en la calles donde se sigue discutiendo que país paga la reconstrucción o que político gobernará este año y cuanto se llevara del presupuesto, la alegría, como veis en esta última foto, ha vuelto a las calles de Katmandú, ya no están los hippies, ni hay muchos cooperantes, ahora la ciudad parece querer funcionar por si sola y ha vuelto el olor a mantequilla de las mariposas de los templos, a frito de las cacerolas de las cocineras y a basura por los rincones de las calles de Katmandú... y ese es el ritmo que conocíamos y que nos alegramos que haya vuelto de nuevo. Os he dejado más fotos en este enlace.

miércoles, 13 de septiembre de 2017

NEPAL: BUDA ESTA PRESENTE AQUÍ EN KATMANDÚ



Empezamos una nueva aventura a los pies de los Himalayas y me recuerdo con cariño de un texto que escribí en mu última visita reflexionando sobre la necesidad que tenemos los humanos de encontrar esperanza.

Fue una mañana gris de Mayo cuando  nos recibió el lama superior de la comunidad nepalí que habita el Monasterio Blanco, cerca de la gran Stupa de Boudhanath, dicen la mayor del mundo. Me saludó y me deseó “que fuera feliz y que hiciera crecer el divino que va dentro de mi”. Me emocionó su sencillez. Después charlar un rato con los monjes más jóvenes y abandonar el monasterio callejeando por los alrededores entre peregrinos y monjes venidos de todo el mundo, me encontré con la enorme Stupa de Katmandú.

Me situé en la rueda de la stuppa, llevado por la fuerza de la corriente, comencé a rodearla como hacen los peregrinos, siempre en el sentido de las agujas del reloj. El gentío concentrado a mi alrededor me empujaba a caminar siempre bajo el sonido de los cantos a Buda. Desde lo alto de la stuppa, sus ojos nos miraban a todos, enseñándonos el camino de la luz. La campana sagrada suena intermitente con los sones de los peregrinos y de fondo, se eleva el canto de los monjes en el monasterio. Buda acoge a todos sus fieles.

Salto de la rueda, parado en la acera miro el frenético girar de lo peregrinos orando. Asisto en silencio a una ceremonia sin igual. Descansa mi vista en los ojos de Buda buscando el sentido a tanto frenesí. No lo encuentro. Los fieles siguen girando y a cada giro un instante, una campanada, un sonido que despierta mis sentidos. Sigo sin encontrar la lógica. En uno de los países más pobres del mundo, la mayoría de la población se pasa las horas orando en templos y stuppas, implorando a sus dioses algo que parece que esté solo en las manos de los hombres: devolver la dignidad y la esperanza a cada uno de los pobres de la tierra.

El viernes comenzamos una nueva aventura en los reinos antiguos al pie de los Himalayas, Bhutan y Nepal de las que os iremos contando más cosas en este blog.