PARQUE MIGUEL SERVET. HUESCA

Uno no repara en el paseo, solo camina entre el verde y el frescor de una mañana soleada en Huesca. De repente el sonido de un pavo me recuerda que estoy en el parque. Parque de Miguel Servet. El gran astrónomo, filósofo, médico y tantas cosas que nació en la tierra de Hueca, don Miguel Servet. Es curioso, una de las personalidades más grandes, uno de los científicos más excelsos que ha dado nuestra historia, experto entre otras muchas, en la circulación pulmonar ( no la descubrió que eso lo hizo un musulmán llamado Ibn al Nafis, pero si la traslado al mundo cristiano en su obra  Christianiti Restituito ) allá por el año 1.553. En fin un gran personaje que murió en la hoguera por contar cosas que el clero no quería que se supieran. Lo condeno otro que se dedicaba a la "investigación" pero para otros fines de nombre Juan Calvino, de oficio inquisidor protestante.

Pero a lo que iba, en esta escapada laboral paseaba por el parque del insigne filósofo y entre abuelas que corretean junto a sus pequeños, señoras de animosa charla y estudiantes que hace pellas, me quede parado por el ruido del viento entre las hojas y pude apreciar, que en la sencillez de este parque oscense, se esconden tesoros armoniosos, cono la geométrica plaza, el laberinto de las rosas o el estanque de los patos donde los abuelos dejan pasar las horas echando migas al agua y pensé..., " a veces damos tantas vueltas para llegar a un punto".

No llevaba pan para los patos, ni migas para las palomas, pero descubrí que en el parque estaba la figura de Miguel Servet y que, habiendo pasado muchas veces por allí, nunca le rendí ningún homenaje. Queda saldada la deuda.

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