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sábado, 29 de noviembre de 2014

NAVARRA: SENDERISMO EN LA FOZ DE ARBAIUN



Para los de fuera, que no para los navarros, la Foz de Urbayun, probablemente no sea tan conocida como su vecina la de Lumbier, pero realmente es una joya de la naturaleza navarra digna de admiración, sobre todo en estas fechas donde los colores ocres toman el paisaje y aquí. en Navarra, adquiere tintes de cuadros de Gauguin.

La Foz de Arbaiun, a la entrada del pirenaico valle de Salazar, y según los expertos la más extensa e impresionante de las gargantas navarras. Doy fe que aunque la hora escogida del día no era la mejor por la luz, la garganta se ve impactante desde las alturas. El río Salazar ha tallado seis kilómetros de cortados e increíbles paredones donde los buitres  y otras aves encuentran un habitat ideal.

En esta época del año, el otoño, la peculiar y diversa vegetación que crece en el interior de la foz de Arbaiun ofrece una variedad cromática estacional de indudable belleza, como podéis apreciar por las fotografía. En sus roquedos anida una numerosa colonia de buitres leonados(Gips fulvus) visibles desde el balcón voladizo del Mirador de Iso. También a veces se deja ver por aquí el Quebrantahuesos (Gypaetus barbatus). Nosotros no lo vimos aquí pero pudimos verlo algo más arriba en los Llanos de la Ermita de las Nieves. El ave tiene una envergadura de 2,5 metros y su peso oscila entre los 4,5 y los 7 kilos. Sus alas son largas y estrechas, la cola es más larga que la del buitre y en forma de rombo: Se distingue también por el collar de plumas y sus patas claras que suelen colorearse con el color del barro. En los ejemplares adultos destaca también su antifaz negro. Si pasai por aquí no dejéis de mirar el cielo porque es un lujo disfrutar de su presencia.

El Centro de Interpretación de las Foces de Lumbier está cerca y aquí podéis recoger información sobre los diversos senderos, la flora, fauna y cultura de estas gargantas prepirenaicas de Navarra y como visitándola vecina Foz de Lumbier.

miércoles, 26 de noviembre de 2014

NAVARRA: SELVA DE IRATI EN OTOÑO¡¡INCREIBLE¡¡¡

Ha sido un buen fin de semana acompañado de amigos en Navarra, buena gastronomía, buena charla y como no, buenos paseos y en este otoño no podía faltar la Selva de Irati, eso si, mis amigos como guías turísticos la verdad dejan mucho que desear, son más bien guías gastronómicos.

Pero sea como fuere acabamos en Irati, el denominado segundo hayedo-abetal más extenso y mejor conservado de Europa, después de la Selva Negra de Alemania. 17.000 hectáreas de denso bosque que, como el de Garajonay en La Gomera, recibe el apelativo de "selva" y que se encuentra en la cabecera de los pirenaicos valles de Aezkoa y Salazar. Un lugar increible para el encuentro con la naturaleza. Y alla nos fuimos con Ecowildlife.



Es otoño y aunque ya se apagó el bramar de los ciervos, la vista se cansa de recorrer este tesoro natural de un alto valor ecológico. En Irati  conviven distintas figuras de protección como las reservas naturales de Mendilatz y Tristuibartea y la reserva integral de Lizardoia. En verano tupidos y verdes hayedos, rubios pastizales, abetos infinitos y múltilples chorreras de aguas frescas, se transforman en ocres, rojos  y dorados con esta nueva estación.

Hay dos accesos para adentrarse en la Selva de Irati: por su costado occidental desde Orbaizeta y por el oriental desde Ochagavía, donde se encuentra además el Centro de Interpretación, un buen punto de partida para informarse de este enclave y su entorno. No se pierdan como mis amigos, por Ochagavía hasta arriba y a caminar hasta llegar al pantano pero lo mejor, piquen el enlace del centro de interpretación y allá tienen toda la información de los más de 15 senderos que recorren esta reserva natural.

Nos paramos a contemplar una de esas chorreras de agua mientras comíamos un pote-pincho, figura que sustituye al bocata de  toda la vida en jerga navarril. La cámara repiquetea sobre los colores mientras observamos hongos y setas por doquier, tan queridas y que hayan sido motivo de control, dicen los navarros que los guipuzcoanos arrasan con ellas y con el bosque entero cada domingo.

Es época de veda de caza menor y se escuchan las escopetas y eso el bosque lo nota, apenas hay ruidos aunque es posible encontrarse en estas alturas aves, como reyezuelos, pinzones, petirrojos, pito negros o dorsiblancos y mamíferos  como zorros, jabalís, martas y corzos. Nosotros solo vimos algún agateador y carboneros.
A pesar de que las actividades forestales se han llevado a cabo de forma controlada y que algunos parajes se conservan prácticamente en su estado primitivo, el bosque se ha ido transformando. En el hayedo podemos sorprender algún árbol de madera o de fruta como el avellano, los olmos, los arces, y como no el boj, el enebro  y en las rastreras podemos distinguir muchos líquenes y musgos y cantidad inusitada de helechos. El conjunto una maravilla natural como podéis apreciar por las fotografias.

Al finalizar nuestra caminata, regamos nuestra comida de pochas y carnes de la zona con nobles vinos navarros y patxaran los que no conducían. Regresaremos a Irati pero hoy os dejo con este bello reportaje de un hermoso otoño que nos ha regalado este 2014.

Para 2015 hemos previsto una salida con el Club Ecowildlife que teneis colgada en este enlace.

lunes, 24 de noviembre de 2014

SOCIEDADES GASTRONÓMICAS VASCAS O PEÑAS ANDALUZAS O LA VIDA SOCIAL QUE PERDEMOS



Las sociedades gastronómicas vascas o navarras, las peñas andaluzas o algunos locales de reuniones en Castilla dejan de ser un lugar gastronómico y se convierten en un eje importante de la vida social, en las que los socios o simpatizantes se reúnen en un local habilitado con cocina para comer o cenar, bien en compañía de otros socios o de familiares o invitados. Estas sociedades además son con frecuencia más que un espacio gastronómico ya que aglutinan actos sociales, culturales y a veces hasta deportivo y no es raro durante las jornadas encontrarse en sus salas a los socios debatiendo, jugando u ocupando su ocio más allá de una almuerzo o una cena. Son, a veces, sustitutivo, de esos espacios que nuestros sesudos políticos nos roban para la actividad social del barrio.

He estado esta semana compartiendo cena en una sociedad navarra con varios amigos y como sucede en la peña que mi padre dirigió muchos años en Sevilla, que parodiaron con gracias Los Morancos, el compañerismo, la convivencia y buen rollo es lo que se percibe en el ambiente. Mientras unos compañeros cocinaban, Manolo y Luis, otros como Javier ordenaban la mesa y otros departíamos alegremente sobre Podemos y sobre las posibilidades de estos sesudos profesores de universidad, ( cuanta ciencia y sapiencia con una copa de vino en la mano). Gambas, jamón, bacalao,..., vino, mucho vino y charla mucha charla.

Os imaginais (politicamente quiero decir) un lugar donde el  sistema se basa en la confianza y la autogestión, donde pagas lo que consumes sin dudar y limpias lo que ensucias con diligencia para que otros los disfruten,  estas sociedades y peñas se convierten en espacios de confianza para los socios y sus invitados, algo a medio camino entre la mesa de la cocina de la abuela y el bar de "Paco el de la esquina". Allá es posible acabar una comida cantando o echando un "mus" o porque no, discutiendo de fútbol con los de la mesa de al lado. Asistir a una sociedad gastronómica a comer o a cenar es una inmersión en la cultura "vasca" como tomar cañas en una peña andaluza es hacer la misma inmersión a la andaluza. Imposible esto para nuestros políticos.

Estas sociedades  peñas nacen del trasvase de gente del campo a las ciudades a trabajar allá por los inicios de la revolución industrial y hoy se mantienen en boga, siendo vehículo de concertación, amistad y convivencia entre las gentes que las frecuentan, quizás nuestros políticos deberían hacerse socios de alguna des ellas. 

miércoles, 19 de noviembre de 2014

DIA UNIVERSAL DEL NIÑO: UNA HISTORIA DE NIÑOS EN EL SLUM DE SINAI EN NAIROBI

Hace un año os escribí esta historia. Mañana, 20 Noviembre, es el día Mundial del Niño y quiero volver a contarla por que, aunque muchas ONG's y la UNESCO se esfuerzan, quedan muchos niños que pasan necesidades en el mundo. La semana pasada un amiga, Cristina,  nos hizo una donación para el centro y hemos quedado en hacer algunos actos en Madrid para conseguir más, otras dos amigas en Galicia, Paz y Pili, nos están ayudando con fondos para poder llevar a algunos niños a la escuela. Nosotros vamos a seguir ayudando al Trust de Kobo en lo que podamos pero aún así, nos siguen faltando recursos. Gracias por dedicar 4 minutos a leer este texto. Y los que ya lo hicisteis gracias por releerlo.

Como sabéis cada vez que venimos a Nairobi, encontramos tiempo para la solidaridad, hoy os traigo una historia que espero que es conmueva. Es la historia de una madre, como hay decenas en estos barrios míseros de Nairobi, recordad nuestro proyecto de Mama Tunza. Ayer estuvimos en el slum de Sinai, un vertedero donde se hacían más de 10.000 almas entre basuras y chabolas de latón y allí conocimos lo que esta enorme mujer hacer no solo por sus niños, si no por toda la comunidad que la quiere y la anima. Luego nos fuimos  a compra al súper cosas que nos pidió y libros para la escuela de sus amados niños y en unos días volvemos para escolarizar el último trimestre de los mayores que acaban este año la escuela. Pero hoy os dejo con sus historia  para que la conozcáis más de cerca. Gracias  a todos los que habéis hecho posible que hoy, un día triste para la ciudad de Nairobi, nosotros hayamos podido hacer llegar a Mama Jane estas pequeñas cosas.    

Tengo 53 años y soy viuda. Di a luz a seis hijos, cuatro de ellos siguen conmigo, y la vida me ha regalado 50 más. Después de la pérdida de mi marido, mi vida cambió. Yo solia trabajar en una oficina con Servicios Aéreos en el Aeropuerto de Nairobi.  Siempre en mí camino de vuelta a casa veía los niños de la calle jugar con basura, y pensaba "¿qué puedo hacer por ellos?" A veces me paraba y les hablaba. Siempre  me pedían dinero para comprar algo de comer. Me preguntaba "¿Dónde deben estar durmiendo?” Tenia la mente llena de dudas sobre estos niños , y una vez, al volver a casa, me encontré con dos de los ellos. Después de comprarles algunos alimentos, y hablar con ellos aceptaron y vinieron a mi casa.  A partir de este momento y después de ser testimonio de las duras experiencias que les había tocado vivir y habían compartido conmigo, no podía dejarles ir. Y de una forma poco consciente fui aceptando a los que iban viniendo y se instalaban con nosotros. Todos vivíamos en casa (13 niños incluyendo mis hijos 2004)

 A partir de ese momento me di cuenta de que hay niños huérfanos  que viven en las calles y desean  tener la oportunidad de cambio para mejorar sus vidas. También experimenté a través de  mis hijos el sufrimiento de estar sin padre. También me doy cuenta que es difícil vivir con un solo padre/madre, así que desde ese momento comencé a darles esta oportunidad. La situación fue creciendo y decidí hacer alguna cosa al respeto, nos mudamos el septiembre del 2009 al slum, así podía llegar a pagar el alquiler y la comida de toda la familia. Así que aquí estamos, cada vez somos más en la familia, y más bocas a alimentar, y escuelas que pagar, nos encontramos en uno de los mayores  y más pobres barrios de Kenia, llamado Sinaí Mukuru.

Me prometí  cuidar de sus necesidades básicas: alimentación, vivienda, vestimenta y darles una buena educación. Pero lo más importante de todo, darles el Amor de una Madre.

Si quieres ayudar a Mama Jane, Mama Tunza o cualquiera de los proyectos en los que colaboramos en Nairobi, no lo dudes, ellos  lo necesitan, tienes más información en nuestra web.

lunes, 10 de noviembre de 2014

MARRAKECH. LA PERLA DE ÁFRICA

Siempre cuando viajo al norte de África tengo la sensación de que me falta algo, esta África está alejada de aquella otra que tanto me enamora. Sus costumbres islámicas, sus tradiciones, el arte, la arquitectura…, todo es diferente. En este nuevo viaje  intentaré trasmitir las cosas que aquí descubriré y que más se alejan de lo turístico en esta maravilla bereber.

Esta ciudad es apodada Medina Al-Ham'rá es decir, en árabe, «La Ciudad Roja» por el color de sus edificaciones y las tonalidades predominantes en el entorno. Marrakech fue fundada en el siglo XI, en 1062, por la estirpe berebere de los almorávides a manos de Youssef Ibn Tachfin, conquistada y reconquistada en innumerables veces, hoy se vanagloria de haber dado nombre al país.

Se puso de moda en la década de los noventa, cuando decenas de intelectuales y artistas europeos, desembarcaron en los riads (palacetes) de la ciudad e hicieron en ella un refugio intelectual y de modernidad. Lastima que esa influencia todavía no sirva para mantener vivo ese espíritu y conservar con ahínco todo el patrimonio cultural y arquitectónico que atesora.

Esta vez no me acercaré al Sáhara como cuando estuve en Túnez o Libia, pero si me acercaré a la gran cordillera del Atlas. La he visto mil y una veces desde el aire en mis tránsitos a Canarias, pero esta vez tendrá la oportunidad de caminar por sus senderos. También disfrutar del Patrimonio de la Humanidad de la plaza de Jamaa el Fna, dicen una de las plazas más bellas del mundo, así como perderme por La Medina y su miríada de tiendas y bazares. Esta será mi escapada a Marrakech. Pero sobre todo os traeré olores a curtidos y a comida, sabores de su patrimonio de la humanidad de la cocina mediterránea y los gritos de los niños en sus plazuelas. No os lo perdais.

domingo, 9 de noviembre de 2014

SENDERISMO. BECQUER (y V).EL ENCINAR DE MADERUELA

No pueden ustedes figurarse el botín de ideas e impresiones que, para enriquecer la imaginación, he recogido en esta vuelta por un país virgen aún y refractario a las innovaciones civilizadoras. Al volver al monasterio después de haberme detenido aquí para recoger una tradición oscura de boca de una aldeana, allá para apuntar los fabulosos datos sobre el origen de un lugar o la fundación de un castillo, trazar ligeramente con el lápiz el contorno de una casuca medio árabe, medio bizantina, un recuerdo de las costumbres o un tipo perfecto de los habitantes, no he podido menos de recordar el antiguo y manoseado símil de las abejas que andan revoloteando de flor en flor y vuelven a su colmena cargadas de miel. Los escritores y los artistas debían hacer con frecuencia algo de esto mismo. Sólo así podríamos recoger la última palabra de una época que se va, de la que sólo quedan hoy algunos rastros en los más apartados rincones de nuestras provincias y de la que apenas restará mañana un recuerdo confuso.

BÉCQUER. CARTAS DESDE MI CELDA. IV

Hoy he salido como todas las mañanas con mi perro, Joy, a recorrer las faldas del Moncayo. He dejado el coche a pie de carretera todavía de noche y me he metido de lleno en la oscuridad del Encinar de Maderuela.  Existe una plana a la izquierda , justo a 2,7 kilometros del cruce camino del Mocayo para dejar el vehículo. Es de noche , media luna brilla en el alto cielo, he salido de noche porque mi afición a la fauna me lleva. En esta robledal que se extiende a los pies del Moncayo y a escasos dos kilómetros del Monasterio de Veruela, es fácil escuchar las aves en el amanecer cuando comienzan su jornada así como sorprender a los corzos en los barrancos

Camino despacio, mi perro alerta  y asustado de la noche oscura del robledal. Mis pasos se escuchan en el bosque destrozar las hojas secas. Da miedo, nada más adentrarnos en la espesura, reconozco uno de mis obejtivos, un corzo lanza su "aullido" de alerta, a los demás los intuyo, sus sombras, en la noche, huyen al fondo del barranco. Un momento sublime, emocionante, mi corazón se precipita del susto inicial. Ahora ya no hay lobos, pero antaño los hubo, aunque alguna huella en la húmeda tierra puede traernos recuerdos de ellos.

Sigo caminando ya de lleno en el encinar, seco para este tiempo, voy por fondo del barranco y de vez en cuando se salpica con un roble que aún no ha perdido la hojas, durante casi un hora ascedemos lentamente entre hojas secas y huellas de excrementos de pequeños mamiferos.  Acompañando al encinar encontramos especies como el majuelo o espino albar (Crataegus monogyna), el endrino (Prunus spinosa), el rosal silvestre (Rosa canina) y la gayuba o uva de pastor (Artostaphylos uvaursi). Cuando veo los endrinos no puede sino acordarme de mi amigo navarro Javier cuando viene a estos bosques acompañado de Luis a recoger endrinas para abastecer su Txoco. De buen seguro, conociendo su natural valentía , que espera a que se haga de día.

Aunque la fauna que se instala en estos bosques no es muy numerosa, la riqueza en especies es notable. Destaca el sapo corredor (Bufo calamita), al que no pude ver por la escazes de agua,  la abubilla (Upupa epops), la paloma torcaz (Columba palumbus), el águila culebrera (Circactus gallicus) y la culebra bastarda (Manpolon monspesulanus), mi perro las ladró pero sin atreverse a acercarse mucho.

Bajando por la solana, ya de regreso, me cruzo con el apicultor de Trasmoz. Me indica el camino correcto. Después supe que se llama Javier. No me dejó acercarme a los panales ya que está de limpia y es peligroso. Al final del bosque, nos cruzamos con un cortafuegos que cogemos a la derecha y no lleva a la parte alta del encinar donde éste se cruza con la carretera. Allí se divisa en toda su inmesidad la estampa del Moncayo.

En un recodo del camino entre campos yermos de cereal, Joy se alborota. Una galga de hermoso porte y ojos de diferentes colores, uno azul cielo y otro negro, nos saluda. Detrás viene su amo. Nos saludamos y hablamos, del tiempo, del camino, de la comarca y al final, decidimos recorrer juntos el último tramo hasta la carretera. Nunca imagine que en una hora llegará a descubrir el secreto de Gustavo Adolfo Bécquer. En su busqueda llegué hasta el Moncayo y hoy puedo decir que lo encontré.

Encontré en ese paseo con mi nuevo amigo, las charlas que Gustavo y Valeriano, su hermano pintor, mantenían con los habitantes de los pueblos. Mi amigo me comentó que si, que es cierto que el poeta se le montó un estatua en su pueblo Trasmoz, que se la buscó un poeta sevillano que ahora vive allí y que a veces, llegan los turistas a verla; tambien supe que Javier, el agricultor, vive en Zaragoza, pero que se escapa los fines de semana a cuidar las abejas, que le  encanta el oficio pero que ya no da para vivir de él. Que él mismo, vivió en Barcelona y Tarragona antes de jubilarse y regresar a su tierra.  Sus hijas vienen poco, a la juventud no le gusta el campo y las secas tierras aragonesas, prefieren la nieve de Jaca o las costas levantinas. De mi nuevo amigo, entendí la dureza de los campos que enamoraron a Gustavo Adolfo, la tranquila charlas de sus gentes, las belleza del Moncayo, porque para mi nuevo amigo, los árboles del campo, las nieves, cada día más escasa de la cumbre, los corzos a los que persigue su perra, las perdices pardillas que ya han desparecido, los escasos conejos, las ligeras liebres que les encanta perseguir a los dos, perro y amo, los almendros que se secan cargados de almendras y que nadie recoge porque no merece la pena lo que pagan y a los que el muérdago se está comiendo o los campos que permanecen yermos en espera de las lluvias que no llegan, todo eso es para mi nuevo amigo, la sal que la da la vida.

Como lo fue para Bécquer, una tierra que le devolvió la vida de tantos desengaños amorosos y le hizo revivir su alma meláncolica que más tarde nos dejaría su enorme Rimas y Leyendas. Gracias amigo.

Por cierto mi nuevo amigo, al que espero poder devolver la visita se llama Berjer y nació en Trasmoz.

jueves, 6 de noviembre de 2014

BECQUER (IV). BUSCANDO LA MAGIA DEL MONCAYO

Cuando el Moncayo se cubre de nieve, los lobos, arrojados de sus guaridas, bajan en rebaños por su falda, y más de una vez los hemos oído aullar en horroroso concierto, no sólo en los alrededores de la fuente, sino en las mismas calles del lugar; pero no son los lobos los huéspedes más terribles del Moncayo: en sus profundas simas, en sus cumbres solitarias y ásperas, en su hueco seno, viven unos espíritus diabólicos que durante la noche bajan por sus vertientes como un enjambre, y pueblan el vacío, y hormiguean en la llanura, y saltan de roca en roca, juegan entre las aguas o se mecen en las desnudas ramas de los árboles. Ellos son los que aúllan en las grietas de las peñas; ellos los que forman y empujan esas inmensas bolas de nieve que bajan rodando desde los altos picos y arrollan y aplastan cuanto encuentran a su paso; ellos los que llaman con el granizo a nuestros cristales en las noches de lluvia y corren como llamas azules y ligeras sobre el haz de los pantanos. Entre estos espíritus que, arrojados de las llanuras por las bendiciones y los exorcismos de la Iglesia, han ido a refugiarse a las crestas inaccesibles de las montañas, los hay de diferente naturaleza y que al parecer a nuestros ojos se revisten de formas variadas.

LEYENDA DEL GNOMO
BECQUER

Baja el cierzo que se clava como cuchillos en el alma, atraviesa forros y gorros y te deja congelada el ánima. Pero se ha de subir, el Moncayo con su voz misteriosa nos reclama. Desde Alcalá de Moncayo ascendemos a su castillo que se desgaja por el barrio de La Ladera, pueblo retuerto y viejo, de viejos, sobre un peña coronado. En el cielo vuelan buitres cuando alcanzamos Añon. Pueblo fortificado perteneciente a la Orden de San Juan de Jerusalén, de callejas siempre hacia arriba, retorcidas y estrechas. Al final del pueblo empieza el hayedo, amarillo otoñal que nos regala una foto, siempre con el Moncayo vigilante.


Agramonte es la entrada al Parque Natural del Moncayo y desde ahí, el camino se empina. No buscamos hoy llegar a la cumbre, el cercano invierno, la blanca nieve y un cierzo violento no lo aconsejan. Hoy buscamos los seres que nos contó Becquer, seres transformados que jugaban con las personas y las enloquecían. Nos adentramos en el Hayedo de Peña Roja en la ladera Norte del Moncayo.

Atravesamos en un largo pinar, pinos altos y esbeltos, enrojecidos del frio de la cumbre, en sus pies se retuercen los restos del temporal y en sus copas se escucha el ulular de los búhos que regresan de la noche oscura. No vemos las escobas de las brujas, solo viento y ramas retorcidas. Mi perro aúlla presintiendo el encuentro. Llegamos a la fuente que da nombre al lugar y ente los charcos, vemos huellas de pezuñas, ha habido akelarre este noche, huellas profundas en el barro, el animal oliendo la fiesta, da saltos, brinca, como enloquecido; mi perro presiente que esta mañana no es una mañana cualquiera. Seguimos subiendo la ladera y nos metemos en el hayedo, que sangrante en el suelo por el viento, gime.


Los troncos, verdes de la humedad, cansados y acostados por el viento; el agua corre libremente, sólo los pequeños reyezuelos se atreven a trinar. Busco a mi alrededor la hoguera que no encuentro. Una vieja haya, enorme, tortuosa aún con vida, vencida por el empuje de los elementos se ha cruzado en el camino. Descansamos. En el descanso les oigo, no es aquel trino de un carbonero, no, es el ruido de las voces de los gnomos. Ahora sí. Por encima del bravo viento se escuchan sus cuitas. Traen sonidos de otros tiempos. Caminamos más deprisa para comenzar la bajada. El verde de los musgos ahora es presente en todos los rincones de la sierra. Pisamos sobre el fondo del hayedo, hojas y hojas muertas que presagian invierno frío. Nos persiguen las voces de los gnomos. Miro al cielo y descubro, entre las copas, los brazos de los elfos. Corro abajo y corriendo, voy descubriendo el sueño, son las copas, son las ramas  las que gimen, las que lloran. Voces finas de sopranos endiabladas en las hayas. De sus ramas blancas y finas brota el sonido que me hiela más que el cierzo, de las copas de los pinos que el viento arremolina, surgen broncos aullidos que transportan hacia el valle los grandes lobos de la sierra. Mi perro aulla de nuevo confundido por el cierzo.

El hayedo esta a mi espalda, el Moncayo le protege, con el libro de poemas entre las manos, he vivido la tortuosas noches de Becquer en su celda. Solo, abandonado y triste escuchaba los ruidos de la noche y en su mente transformaba en rimas sus pesares. El poeta que descansa sobre la Peña de Trasmoz, nos descubrió El Parque Natural del Moncayo y nos regalö, en el silencio de su celda, un viaje apasionante por las llanuras de estas tierras entre Zaragoza y Soria.

martes, 4 de noviembre de 2014

BECQUER (III). LAS BRUJAS DE TRASMOZ

Desde tiempo inmemorial es artículo de fe entre las gentes del Somontano que Trasmoz es la corte y punto de cita de las brujas más importantes de la comarca. Su castillo, como los tradicionales campos de Barahona y el valle famoso de Zagarramundi, pertenece a la categoría de conventículo de primer orden y lugar clásico para las grandes fiestas nocturnas de las amazonas de escobón, los sapos con collareta y toda la abigarrada servidumbre del macho cabrío, su ídolo y jefe. Acerca de la fundación de este castillo, cuyas colosales ruinas, cuyas torres oscuras y dentelladas, patios sombríos y profundos fosos parecen, en efecto, digna escena de tan diabólicos personajes, se refiere una tradición muy antigua.

CARTAS DESDE MI CELDA ( VII)

Subí la empinada cuesta entre peñascos inútiles y el silbar del viento entre los cardos, el castillo es un harapo de ruinas de un tiempo más soberbio. De sus torres ya no quedan sino jirones de arcilla que se debaten entre caerse o tirarse para acabar con su sufrimiento. Conmigo los siete de Aragón , a saber un cuñado al cuidado de una madre quejicosa, un sobrino en pubertad hermosa, la cuñada curiosa mirona de la sierra, una hija candida inmaculada y noble, la señora del castillo que mira al monte y ve la sombra del Moncayo arrastrando nubes y el narrador de historias de las brujas.

En homenaje a mi paisano Gustavo Adolfo Becquer republico esta entrada. En Abril fue sustraida esta estatua y luego desmontada por unso desalmados vecinos de Tarazona. Homenaje al poeta romántico más añorado.

Nadie más; tarde que se cae presurosa, no hay castillo, no hay baluartes, no hay trompetas, nadie anuncia el encuentro, caminamos perdidos el sendero en busca del momento y al llegar, sorprende el bronce de hirsuta barba, sentado sobre la roca, con el libro de Dante entre las manos, el bronce broncea con el último rayo de la tarde. Es Becquer que con los ojos muertos de una estatua, mira al pequeño cementerio de Trasmoz. No hay brujas, no vuelan en el aíre sino chovas gritonas. No hay brujas ni demonios, ni tan sólo una cabra que nos devuelva la imaginación perdida. Tampoco la mula del poeta que cansada, le subía hasta el castillo. No hay silencios, sopal el viento y ahora si¡¡¡, con el viento llegan sones del infierno, con el viento llegan ruidos de otros tiempos, con el viento llegan voces, llegan gritos, llegan cuentos. Bajamos jubilosos al encuentro, ¿son las brujas?, ¿son los gnomos?, ¿son los diablos?. ¡¡¡¡jajajajajja!!!!! Es el gitano de la furgoneta que vende albornoces y manteles, es la gitana de falda larga con delantal que anuncia bragas, no son brujas, nos son non gnomos, no son diablos , es que hoy es día de mercado.

domingo, 2 de noviembre de 2014

BECQUER (II). MONASTERIO DE VERUELA

"Ya todo pasó. Las luchas ardientes, las miserias humanas, las pasiones, las contrariedades, los deseos: todo se ha ahogado en aquella música divina. Mi alma está ya tan serena como el agua inmóvil y profunda. La fe en algo más grande, en un destino futuro y desconocido, más allá de esta vida; la fe de eternidad, en fin, aspiración absorbente, única e inmensa, mata esa fe al pormenor que pudiéramos llamar personal, la fe en el mañana, especie de aguijón que espolea los espíritus irresolutos y que tanto se necesita para luchar y vivir y alcanzar cualquier cosa en la tierra".

CARTA DESDE MI CELDA (II)
Gustavo Adolfo Becquer
He entrado por la puerta y he sentido el halo misterioso de mi paisano guiando mis pasos. Un azulejo recuerda su presencia. El frío no acompaña, es un día soleado, miro alrededor y veo muros restaurados, un claustro hermoso y la música de lata que imita a los monjes. Soledad. He caminado por la iglesia, sepulturas de reyes y canónigos, turistas que curiosos acompañan, gótico, renacentista, mudejar…, mezcla de estilos y la música que sigue sonando de fondo. Es el Monasterio de Veruela.

No se ven los monjes el claustro, no se ve comida en el refrectorio, pasado desamortizado, sueños de un turismo interior que ahora se expande. Sentado sobre los muros de piedras renovados siento la presencia de Gustavo que pasea. Sueños de regreso a su niñez, sombras de un adulterio que se dispara. Amor roto, pasado oscuro, de nuevo debe comnezar su búsqueda del amor. Becquer en la penumbra de la estancia.

Y al marchar de nuevo el silencio de la estepa castellana, somontano de un Moncayo de penacho blanco coronado. Carreteras vacias, frío en la cumbre, silencia el alma. No marcho solo acompaño mi senda a nuevos lares, a lo lejos Trasmoz me espera. En el aíre el soplo de una escoba que se aleja, las brujas, los demonios, lo gnomos, todos los seres diabólicos de leyendas que resucitan en el tiempo